Hace algunos días leí (a pesar de ser parte de mi trabajo, no recuerdo dónde) que Geocities.com fue la primera red social, pues le permitió literalmente a cualquier persona con conexión a internet y algo de tiempo libre estar en internet. Nada me parece más lejos de la propuesta original de Geocities.com y de uno de sus artefactos culturales derivados más maravilloso: la página personal y el fansite, al que dediqué el primer posteo de esta entrega, hace ya meses y meses. O más bien años.
Las redes sociales tienen una única forma. Todos los perfiles son exactamente iguales. Por supuesto, varían las imágenes: alguna fotografía de unas vacaciones en un lugar caro y una foto de perfil donde nos parezcamos atractivos. Pero, la estructura está controlada y consolidada. No hay demasiado que hacer. Y si somos personas con algún tipo de inquietud creativa, bueno, no hay mucho que alterar. Simplemente no se puede.
Hubo otra historia, anterior: la de las páginas personales. Pero, las páginas personales, como el rock, están muertas.
Y, sin embargo, me invade la nostalgia.
Las páginas personales duraron poco: un paréntesis encantado de unos pocos años. Eran geniales o bizarras o ambas cosas. Las mías eran hechas con el Bloc de notas, tipeando cada línea de código.
También se hacían con editores del tipo WYSIWYG. O con programas muy caros que se pirateaban, el Dreamwaver sobre todo. También había códigos que circulaban que impedían cosas absurdas como hacer click derecho… porque era pecado robar el código de otra persona. Siempre me acuerdo de una animación donde una personaja gritaba “That b*cht stole my HTML!”. Eso estaba mal y se cancelaba, en tristes juicios hechos vía conexión telefónica, a quienes lo hacían.
Las páginas personales eran una presencia no profesional en internet, radicalmente únicas y muy creativas. La gente se peleaba por obtener “premios” (que eran un JPG que te linkeaba con la página del gurú que manejaba la distinción). Y, luego, estaban los webrings. Pero, vayamos de a poco… ¿qué tenía y cómo se veía una página personal?

La última encarnación de No underwear
Mi página personal se llamó No underwear desde el 2000: todos hicimos clickbait alguna vez. En mi sitio no había desnudez de ningún tipo, pero llamaba la atención y eso me habrá dos o tres visitas más. Fucking Mondrian fue su última encarnación: yo ya estudiaba historia del arte y estaba obsesionada con las grillas. Y también con sus posibles alteraciones.
La necesidad de cambiar de diseño periódicamente era necesaria entre quienes tomábamos el diseño como forma de arte. Habría quienes no cambiaban nunca de diseño… pero, yo no visitaba esas páginas. El archivo de los diseños anteriores era un clásico que no podía faltar, para mí.
Las páginas personales podían funcionar como un portfolio. Pero, sobre todo eran un lugar de expresión de una subjetividad, más allá de las capacidades en HTML que tuvieran las personas. Listas de bandas y listas de películas favoritas. Fotos (no un millón: las fotos eran escaneadas y eran preciosas). Escritos personales. Citas que nos inspiraban. Un resumen de lo que éramos. Para mí y para muchos fueron esenciales: era el lugar donde me evadía de la escuela secundaria, que encontraba terriblemente opresiva aunque no fuera tan grave.
Como se imaginan quienes no las hayan conocido, pronto surgieron maneras de enlazar estas páginas. Les ruego que se acuerden de que Google no existía. Sí, hubo un momento antes de Google. Este excelente artículo recupera mucho de la historia de los webrings y de veras que fueron fascinantes. Los webrings conectaban páginas de intereses comunes (yo fui ringmaster, como expliqué en la primera entrada) y, en el caso de las páginas personales eran extremadamente selectivos: había webrings de “élite” a los que tenías que presentarte una y mil veces antes de que te aceptaran (si es que sucedía).
Este sitio no es una página personal… me pregunto si podrán volver en algún momento. No lo sé. Si alguien haría algo no monetizable y posiblemente para muy poca gente. Si alguna persona se perdería en un webring. Yo lo haría.




El infame primer diseño de Velvet Life.

La útlima encarnación de Satellite of Love.















