Que un hombre me explique, por favor…

En estos días me encuentro revisando los apuntes y decisiones que moldearon las unidades de arte de Género y Cultura, pues estoy escribiendo una memoria sobre este curso decisivo en mi vida como docente para el panel Global Conversation I: “Unsettling the Discipline; Decolonizing the Curriculum” , en CAA.

Cualquier reflexión sobre género va de las imágenes a las palabras, de los hechos a las teorías, de lo mínimo a lo totalizador.


“I’m sorry, Jeannie, your answer was correct, but Kevin shouted his incorrect answer over yours, so he gets the points.” (“Disculpame, Jeannie, tu respuesta era correcta, pero Kevin gritó su respuesta incorrecta arriba de la tuya, así que él recibe los puntos”; Joe Dator en The New Yorker).

En esta coyuntura, días pasados experimenté por enésima vez el mansplaining: en una reunión de trabajo todos mis comentarios fueron “retomados” por un colega varón, para ser recibidos con grandes festejos (huelga decir que un minuto antes, cuando yo los hacía, eran basura irrelevante). El varón luego me explicaba los enormes descubrimientos que acaba de hacer. Todo este circo era coordinado por una mujer, muy cómoda con su celebración de la masculinidad. Y, por si quedaban dudas, los colegas varones se despedían diciendo “You’re the man”.

En esos momentos me doy cuenta de que el feminismo me ha salvado la vida.

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