Payasadas

Estoy dando los últimos toques a la clase que daré este miércoles en el marco de la materia Arte argentino y latinoamericano del siglo XIX. Nervios aparte, pensar en qué tengo para trasmitir (“la pepita de verdad”, como diria Virginia) me lleva a una consideración bastante positiva de mi trabajo… Pero quiero explicarme bien. No quiero decir pavadas o hacer payasadas.

Rudolf Spohn, Autorretrato como payaso, 1930.

En 2008, cuando terminé mi carrera de grado, me debatía en la incertidumbre más absoluta. Pero tenía una idea clara: no quería investigar sobre la obra de Berni, Spilimbergo, Pettoruti, Basaldúa, Butler, Maldonado… Podría continuar con los nombres que no me interesaban. En principio, me interesaba bucear en un grupo de nombres que desconocía.

No sé cuáles son los méritos de mi trabajo. Con mucha frecuencia pienso que su única virtud reside en no haber continuado indagando en dirección de una narrativa maestra que se ha demostrado incapaz de incorporar a centenares de mujeres.

Esto no me parece una payasada.

 

 

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