Ídolos y guardianes

En estos días estoy participando en una discusión online sobre enseñanza de historia del arte. Es la primera vez que tengo oportunidad de reflexionar sobre el más bello desafío que me ha dado la Universidad de San Andrés: formar parte de una materia de grado dedicada a los estudios de género, el arte y la literatura.

En nuestra universidad las humanidades integran la formación de todos los estudiantes. Por lo tanto, mis estudiantes son futuras abogadas, politólogas, economistas y, en menor medida, graduadas en humanidades. La mayor parte de ellas han tomado el curso de manera electiva. Están aquí porque quieren. Eso es simplemente hermoso.

La diversidad del grupo me generaba dudas: ¿estarían preparadas para absorber, para aprovechar, para cuestionar los debates entre los estudios de género y la historia del arte? Mis dudas se disiparon muy rápidamente. Mis estudiantes son flexibles. Están abiertas a todos los temas. Charlan, discuten, se conmueven.

Más que nunca cuestiono a los guardianes disciplinares, a aquellos personajes que reclaman la endogamia disciplinar. Con razón, en medio de este sistema, tenemos tantas ideas tontas.

Giovanni D’Alemagna, Santa Apolonia destruye un ídolo pagano, circa 1442-1445.

Para mí admitir este estado de cosas significa desandar parte de mi camino de formación, pues la insistencia en los límites disciplinares fue una parte importante de ella.

Entonces, me subo a la escalerita con una maza y rompo todo.
 

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